Jueves, Octubre 22, 2009

Un libro

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Del olvido a la conciencia un hombre que ronda los 60 años recuerda las cosas que lo rodean: las partes de su cuerpo, su nombre, su casa, su mujer; el rostro de sus hijas.
¿Qué sería de uno si de pronto olvidara todo lo que lo constituye? Los días y las horas en que fuimos, los instantes, los lugares y los objetos de nuestros afectos, la gente que amamos.

Mi mujer me pregunta por un libro de José Emilio Pacheco, Fin de siglo, en inmediatamente surge en mi memoria la imagen de un pájaro muerto, de plumaje amarillo sobre un fondo azul. Es una obra del poeta mexicano, Pacheco. Le pregunto a mi mujer si un día llegaré a olvidar todas las imágenes que retengo de los textos, de las portadas de los libros que amo.
La memoria es lo que nos hace humanos. Sabemos de su fragilidad, de su naturaleza selectica, por eso escribimos.
Somos ante todo tiempo y olvida por eso fijamos en palabra escrita, la gran invención del género humano, todo lo que nos interesa dejar como testimonio de nuestro paso por esta tierra.
El olvido y la recuperación de la memoria es el tema de la novela de Umberto Eco, La misteriosa llama de la reina Loana.
Es la historia de un hombre que viene de las brumas del olvido, por una extraña condición de su salud, por una enfermedad, y entonces el doctor y su mujer, sus hijas y sus nietas, le muestran el mundo de nueva cuenta por vez primera.
___ ¿Usted cómo se llama?
___ Espere, lo tengo en la punta de la lengua.
De nueva cuenta Eco vuelve a tratar un tema fundamental en la historia contemporánea de la humanidad: el olvido.
Somos seres indignos porque ya no queremos remontar adversidades, porque queremos llegar a lo políticamente correcto, porque pretendemos que leyes y derechos nos otorguen preferencias.
En estos tiempos ya no es necesario recordar, tener buena memoria, como se decía antes, basta con apretar una tecla para que aparezca un número telefónico que necesitamos.
De Umberto eco recuerdo, así, como en el juego del pin pon, el nombre del caballo de Guillermo de Baskerville, en El nombre de la rosa: Brunelo.
Llega a mi cabeza el recuerdo de una lectura realizada hace más de 30 años, allá en los lejanos días de la juventud incierta y pendenciera, anónima.

Recuerdo somos, más recuerdo enamorado, parafraseando al poeta. Allí están los libros, ese gran invento humano, que nos hace recordar hasta nuestros sueños mejor guardados; nuestros odios y nuestros amores. Sólo basta con abrirlos.

Por: Administrador en
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