La banda de los enanos
La banda de los enanos está formada por gente mala, resentida, auténticos hijos de puta. Iniciaron su vida delictiva como la inician los grandes bandidos: poniendo cara de huérfano, de expatriado
Contaron con un argumento muy simple: difundir el arte y la cultura, las letras, en estas tierras. Poner el nombre de la entidad en el mapa de la literatura nacional. Con buen tino formaron alianzas con los biliosos y resentidos en la ciudad, ellos les aseguraron cura.
Sin medir consecuencias vendieron a su madre y a su abuelo, a su prima, sobrina y novia: se entregaron al propósito que los anima en todo momento: contar con poder político y económico en esta tierra de indios.
Con escaso tiempo en su actividad delictiva pusieron todos sus afanes en poner editorial y feria del libro y para ello se valieron de las instituciones de cultura y turismo de la entidad. Con el dinero del gobierno, con el dinero de todos, del pueblo, dispusieron a sus anchas y sus largas sobre quién debía participar en sus actividades.
Sin el menor recato tomaron por asalto el zócalo de la ciudad y se erigieron en guardianes de esos sitios: ellos y sólo ellos podían decidir quién entra y quién llega a esos sitios.
Aseguraron a los cuatro vientos ser los dueños de la cultura en Oaxaca, e intentaron pendejear a las autoridades municipales y estatales. Casi lo lograron, son políticos –las autoridades, no ellos.
Cuando alguien levantó la voz contra ellos, le cayeron a golpes como buenos facciosos que son, como buenos bandidos, vulgares asaltantes.
Los comandaba un gallego, que después de vivir 50 años en el país mantenía el acento de los peninsulares, pero no era más que un indio ladino.
En la ciudad de México hicieron roncha, se trataba de salvar a los indios de Oaxaca, de llevar cultura y esgrimieron todos los argumentos nobles que les venían a la cabeza desde que su madre los parió.
Pero el teatro se les fue cayendo a pedazos, los autores que decían representar cancelaban sus presentaciones sin más ni más.
Cuando descubrieron que la cultura deja dinero, estos bandidos decidieron quién vendía libros y quién no en estas tierras, unos auténticos aprendices de tirano.
Hoy los puede usted ver por ahí, presentando su colección de autores ante un público de párvulos en los distintos pueblos donde todavía alcanzan a meter sus embustes.
Soñaron con el poder y la fama, la gloria toda, por ahí los podrá usted ver querido lector: son los integrantes de la banda de los enanos.
César:
Permíteme tutearte, aunque nunca hubo entre nosotros más trato que el institucional- tú en el Congreso del estado, yo como corresponsal de Notimex. He leido con deleite la escafandra que me enviaste. Qué coincidencia. Justo platicaba con una nobel poeta oaxaqueña, quien salió de la Verde Antequera, precisamente por no supeditarse e inscribirse a la cofradía de quienes te refieres en tu columna. Justo también comentábamos, simple plática de café, de exiliados en su propio país, acerca, si no de tu valentía, pues en lo personal no me caracterizo por un espíritu lisonjero, sí de tu iniciativa y arrojo para crear una editorial y dar a conocer a diferentes poetas. Si no mal recuerdo, el peor enano a quien te refieres, ése del acento penínsular, quien ha hecho su prestigio literario con el tema indígena pero viviendo como criollo, jugó un papel nefasto en el conflicto de 2006, cuando primero se lanzó con todo contra el gobernador, y luego movió mar y tierra para desdecirse.
Sin embargo, me parece que no todos a quienes te refieres, caben en el mismo costal. Hay uno que se salva y mucho, cuyo espíritu noble fue asaltado por ese ladino de quien hablas; aunque no meto las manos al fuego por nadie. Felicidades por tu columna, levantará ruido y polvo y provocará urticaria y hará que se levanten contra ti vendavales de injurias y descalificaciones. Pero considero que esas reacciones te harán lo que el viento a Juárez. Como escribió alguna vez Baudelio Camarillo: “La casa del poeta está en la más alta cima/ y hay escaleras solo para subir/ porque quien baja, ya no es el mismo”. Yo diría que a la casa del poeta, no llegan tales reacciones. Sigue adelante con tu empresa literaria. Como escribió alguna vez Carlos Fuentes: “El escritor lanza su texto al mar dentro de una botella y paciente espera a su lector. Pueden pasar años, pero llegará quien reconozca su labor y talento”. Aunque también opino que no existen las coincidencias y si tu columna coincidió con una plática de dos oaxaqueños en el exilio, es porque el río suena.
Saludos
Gerardo Soriano
Ya había leído este interesante, ingenioso y bien escrito artículo en el Adiario. Felicidades.
Con un afectuoso y cordial saludo
abel santiago
And my greetings to to all of you as well.
[Trad.: “Y mis saludos a todos ustedes también”]
a.d.winans
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