Jueves, Octubre 22, 2009

Bukowski

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Una mañana Neeli Chercovski me habló de Bukowski: era un hombre muy normal, me dijo, le gustaba trabajar mucho en lo que escribía; tiene una imagen de borracho y mujeriego, pero era un hombre muy aplicado en su trabajo y estricto con su vida.
Neeli es el biógrafo autorizado de ese demonio de la literatura llamado Charles Bukowski, prepara por estos días un segundo tomo de la biografía del viejo indecente.

a editorial Laberinto, en su Serie Poetas, presenta una antología poética de Bukowski que titula Soy la orilla de un vaso que corta, soy sangre. La antología la preparó Roberto Castillo Ildiarte, la presenta en edición bilingüe.

Neeli recibió la envidia y el odio de muchos poetas de Los Ángeles y San Francisco porque recibió la amistad y el aprecio de Bukowski, y la autorización para que realizara la biografía. Pero así es el ambiente literario en los Estados Unidos, en este país y en cualquier sitio sobre esta tierra: está sembrado de mierdas.

Lo mismo recibió en vida Charles, que caminó por las letras por el sendero que mejor le vino en gana. Castillo Ildiarte lo presenta así: Están totalmente equivocados. No existe ninguna motivación política en mí. No quiero salvar al mundo. No deseo construir un mundo mejor. Sólo quiero vivir en él. Hablar de lo que pasa. Yo no quiero salvar a las ballenas. Soy muy egoísta. Lo que me disgusta son cosas como, por ejemplo: que se me reviente una llanta al viajar por la carretera y tener que arreglar esa chingadera…

Ese era Bukowski, así de simple y llano: Hablar de lo que pasa. Eso es todo lo que se necesita para andar por el mundo y las letras, hablar de lo que pasa. Qué importa a los que escriben, a los que en verdad tienen algo que decir, lo políticamente correcto, lo que le interesa a los demás o la ecología. Lo que interesa a los demás es asunto de los demás, el que escribe sólo quiere mencionar las cosas, eso es todo.

Quizá el antologador no se dio cuenta, pero pintó de cuerpo entero a un verdadero creador de literatura, a un hombre cuyo universo son las letras, al transcribir una parte de una declaración periodística de Bukowski.

Por ahí anda tanto chamaco despistado que a las primeras líneas que publica pretende ser políticamente correcto, se vuelve de los abajo firmantes, de aquellos que prestan el nombre para todo. No. El ejemplo a seguir lo pone Bukowski en esta antología de poemas que presenta Laberinto, Edición Bilingüe.

Con un autor fallecido resulta difícil hacer una buena presentación de su obra, de sus poemas, como es este el caso. La fama del hombre sepulta su pensamiento, que es lo que nos atrae y nos impacta. La fama es para los mortales: que si fue borracho, mujeriego u homosexual. Que si fue esto o si fue lo otro. Que si fue aquello. La fama se va a la tumba con el cuerpo que fenece, pero su pensamiento no. Ese pensamiento que se representa en la escritura. Que es lo que realmente interesa.

Por: Administrador en
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