Agustín Monsreal
Aquella noche lo presentó Esteban Ascencio como el mejor cuentista vivo del país, algo que a los cuatro o cinco gatos que nos encontrábamos en el patio del IAGO nos pareció desmesurado.
En compañía de mi mujer y mis hijos me dispuse a poner en práctica tolerancia y disciplina, no quedaba de otra.
La noche era propicia para escuchar a un cuentista, a un buen cuentista. Y ahí estaba Agustín frente a nosotros.
Dijo algo concreto: en literatura el cuento no es un género menor, mucho menos resulta ser el pequeñín de la familia que anda corriendo por ahí en pantalones cortos importunando a todo mundo.
Y aclaró para todos: la gente no lee cuentos porque no le interesa cambiar de disposición mental cada determinadas páginas, en un total de 14 o 20 veces durante la lectura de un solo libro.
Aquella noche Monsreal dio en el clavo, sin proponérselo: uno no prefiere el libro de cuentos porque hay que cambiar de visión, digámoslo así, en cada ocasión que inicia y termina un cuento. Bien.
Por eso, se explica uno, dentro del fenómeno editorial cobran importancia las novelas. Por eso la gente, mujeres y hombres, viejos y jóvenes, prefieren la novela. No hay que cambiar la visión del mundo que se posee en 500 o 600 páginas.
En ese momento, en el momento en que el saber llega a nuestra persona, voltee a ver el espacio: todas las sillas estaban ocupadas, así, como por arte de magia, a la sola convocatoria de Agustín y Esteban.
Monsreal tiene el muy grato estímulo de ser el autor de un libro de cuentos que lleva algo así como 21 mil ejemplares vendidos. Cifra significativa en este país donde la gente lee 1.5 libros al año, con La Banda de los enanos calvos.
Lo dijo el autor de ese libro que estaba con nosotros. Originario de Mérida, Yucatán, hablaba un perfecto español, sin regionalismos.
Debo apuntar aquí que Esteban es el propietario de la editorial Laberinto, con algo más de 4 años de dedicarse a la difusión de las buenas letras. Para más datos apunto aquí que está casado con una oaxaqueña, por lo que ama y defiende esta tierra tanto o más como cualquier otro oaxaqueño.
Ahí estaba Esteban repartiendo su generosidad en compañía de su esposa y familia. Frente a nosotros nos daba su conocimiento Agustín Monsreal, quien llegó a tierras oaxaqueñas en compañía de su señora esposa.
La velada terminó y mis hijos se acercaron a saludar a los participantes. Ya de regreso a casa dieron las gracias por hacerlos partícipes de estos encuentros. Estuvieron tan contentos estos niños de 16 y 14 años.
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