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Oaxaca literario es el espacio donde César Rito da a conocer sus trabajos


césar rito
Autobiografía
Mi nombre es César Rito Salinas, nací un 2 de agosto de 1964, cuando en este país soplaban los vientos del progreso y la felicidad. Mi madre me parió en el puerto de Veracruz, Veracruz, pero en realidad soy de un pueblo denominado Santo Domingo Tehuantepec, Oaxaca. Mi padre era marino militar, mi madre ama de casa, indígena zapoteca analfabeta, para más señas, quien me enseñó a amar a los libros. Esa es la realidad, en aquel tiempo y en éste, de los pueblos de la nación: las madres analfabetas se encargaban de inculcar en sus hijos el amor por los libros, y las armas; la pasión por nuestro pueblo, las calles, la iglesia, el mercado: las fiestas, la música de la región.
En el barrio donde crecí celebramos la fiesta de Asunción de María, el 14 de agosto: esta es la fecha en que nos tocaba estrenar zapatos y pantalones, camisa manga larga. La fiesta de agosto nos robaba la cabeza, era esperada con ansias. La gente se preguntaba qué grupos musicales traerían los organizadores, y hasta venían a celebrar con nosotros mujeres y hombres de otros barrios y otros pueblos.

Viernes, Noviembre 27, 2009

Agustín Monsreal

Aquella noche lo presentó Esteban Ascencio como el mejor cuentista vivo del país, algo que a los cuatro o cinco gatos que nos encontrábamos en el patio del IAGO nos pareció desmesurado.
En compañía de mi mujer y mis hijos me dispuse a poner en práctica tolerancia y disciplina, no quedaba de otra.

La noche era propicia para escuchar a un cuentista, a un buen cuentista. Y ahí estaba Agustín frente a nosotros.
Dijo algo concreto: en literatura el cuento no es un género menor, mucho menos resulta ser el pequeñín de la familia que anda corriendo por ahí en pantalones cortos importunando a todo mundo.
Y aclaró para todos: la gente no lee cuentos porque no le interesa cambiar de disposición mental cada determinadas páginas, en un total de 14 o 20 veces durante la lectura de un solo libro.
Aquella noche Monsreal dio en el clavo, sin proponérselo: uno no prefiere el libro de cuentos porque hay que cambiar de visión, digámoslo así, en cada ocasión que inicia y termina un cuento. Bien.
Por eso, se explica uno, dentro del fenómeno editorial cobran importancia las novelas. Por eso la gente, mujeres y hombres, viejos y jóvenes, prefieren la novela. No hay que cambiar la visión del mundo que se posee en 500 o 600 páginas.
En ese momento, en el momento en que el saber llega a nuestra persona, voltee a ver el espacio: todas las sillas estaban ocupadas, así, como por arte de magia, a la sola convocatoria de Agustín y Esteban.
Monsreal tiene el muy grato estímulo de ser el autor de un libro de cuentos que lleva algo así como 21 mil ejemplares vendidos. Cifra significativa en este país donde la gente lee 1.5 libros al año, con La Banda de los enanos calvos.
Lo dijo el autor de ese libro que estaba con nosotros. Originario de Mérida, Yucatán, hablaba un perfecto español, sin regionalismos.
Debo apuntar aquí que Esteban es el propietario de la editorial Laberinto, con algo más de 4 años de dedicarse a la difusión de las buenas letras. Para más datos apunto aquí que está casado con una oaxaqueña, por lo que ama y defiende esta tierra tanto o más como cualquier otro oaxaqueño.
Ahí estaba Esteban repartiendo su generosidad en compañía de su esposa y familia. Frente a nosotros nos daba su conocimiento Agustín Monsreal, quien llegó a tierras oaxaqueñas en compañía de su señora esposa.
La velada terminó y mis hijos se acercaron a saludar a los participantes. Ya de regreso a casa dieron las gracias por hacerlos partícipes de estos encuentros. Estuvieron tan contentos estos niños de 16 y 14 años.

Martes, Noviembre 24, 2009

La banda de los enanos

La banda de los enanos está formada por gente mala, resentida, auténticos hijos de puta. Iniciaron su vida delictiva como la inician los grandes bandidos: poniendo cara de huérfano, de expatriadoimage

Contaron con un argumento muy simple: difundir el arte y la cultura, las letras, en estas tierras. Poner el nombre de la entidad en el mapa de la literatura nacional. Con buen tino formaron alianzas con los biliosos y resentidos en la ciudad, ellos les aseguraron cura.
Sin medir consecuencias vendieron a su madre y a su abuelo, a su prima, sobrina y novia: se entregaron al propósito que los anima en todo momento: contar con poder político y económico en esta tierra de indios.
Con escaso tiempo en su actividad delictiva pusieron todos sus afanes en poner editorial y feria del libro y para ello se valieron de las instituciones de cultura y turismo de la entidad. Con el dinero del gobierno, con el dinero de todos, del pueblo, dispusieron a sus anchas y sus largas sobre quién debía participar en sus actividades.
Sin el menor recato tomaron por asalto el zócalo de la ciudad y se erigieron en guardianes de esos sitios: ellos y sólo ellos podían decidir quién entra y quién llega a esos sitios.
Aseguraron a los cuatro vientos ser los dueños de la cultura en Oaxaca, e intentaron pendejear a las autoridades municipales y estatales. Casi lo lograron, son políticos –las autoridades, no ellos.
Cuando alguien levantó  la voz contra ellos, le cayeron a golpes como buenos facciosos que son, como buenos bandidos, vulgares asaltantes.
Los comandaba un gallego, que después de vivir 50 años en el país mantenía el acento de los peninsulares, pero no era más que un indio ladino.
En la ciudad de México hicieron roncha, se trataba de salvar a los indios de Oaxaca, de llevar cultura y esgrimieron todos los argumentos nobles que les venían a la cabeza desde que su madre los parió.
Pero el teatro se les fue cayendo a pedazos, los autores que decían representar cancelaban sus presentaciones sin más ni más.
Cuando descubrieron que la cultura deja dinero, estos bandidos decidieron quién vendía libros y quién no en estas tierras, unos auténticos aprendices de tirano.
Hoy los puede usted ver por ahí, presentando su colección de autores ante un público de párvulos en los distintos pueblos donde todavía alcanzan a meter sus embustes.
Soñaron con el poder y la fama, la gloria toda, por ahí los podrá usted ver querido lector: son los integrantes de la banda de los enanos.

Martes, Noviembre 17, 2009

Publica Eusebio Ruvalcaba un homenaje a la amistad

Incluye sonetos de Javier García Galiano, Vicente Quirarte, José Buil, entre otros.
Dos cuestiones, dice Eusebio Ruvalcaba (Jalisco, 1951), luego de haber platicado unos minutos —ese mediodía frío de noviembre— acerca de 57 hombres y una mujer (Pharus): “Mi primer libro, publicado hace más de 25 años, lo pagué con dinero de mi cartera; éste también. Y lo subrayo porque si bien este nuevo libro me lo podrían haber publicado comercialmente, lo quise hacer de manera personal como una forma de llevar hasta las últimas consecuencias un homenaje a mis amigos”.
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“Como un sostener yo pago esta ronda —abunda el autor de esa lejana reunión de cuentos ¿Nunca te amarraron las manos de chiquito?— y punto. Para mí el dinero es irrelevante en el sentido de que siempre es posible vivir con menos. Cobra algún sentido cuando lo gastas con tus amigos. Eso quise hacer. La otra cuestión es que en 57 hombres… se involucró mi hijo Alonso a partir de la portada, la ilustración interior y la traducción del “Soneto XXX” de Shakespeare. Algo muy importante para mí, reunir a mi hijo con mis amigos”.

57 hombres y una mujer reúne igual número de textos referentes a amistades del autor, si bien dos de ellos “ya no existen”. Lo que permitió a Ruvalcaba sumar para sí dos ejemplares sobrantes, además del suyo, ya que el resto (41), una vez entregado un libro a cada amigo incluido, pertenecen a los editores de Pharus, radicados en Oaxaca. Cuentas que dan cuenta del tiraje de 57 hombres…, cien ejemplares.

image La historia reciente del nuevo libro se ubica en las colaboraciones que semanalmente entregaba a El Financiero y en una casi sentencia de otro de sus amigos, Valentín Almaraz, quien al regalarle una pluma Mont Blanc perteneciente a la serie Johann Sebastian Bach le ordenó: “escribe sonetos”. Y el obsequiado lo intentó: “sonetos producto de la amistad, unidos, en su mayoría, por la noche y la celebración”.

“No prefiguré el número. Incluso se quedaron algunos afuera. Pero me pareció que ya había dicho lo que quería acerca de los amigos. Puedo también decir que la mujer incluida realmente se coló. No creo en la amistad entre un hombre y una mujer. La amistad fuerte y perenne, a costa de cualquier contingencia, es siempre entre hombres. Ella (Pita Cortés) se ganó el derecho de estar ahí porque cocina muy rico. En cierto momento pensé, si ella está ahí preparará una supercomida, y dicho y hecho”.

A la hora de hacer cuentas, Ruvalcaba calcula que un 85 por ciento de los convocados algo tienen que ver con el mundo artístico, intelectual y literario. “Con todo y que en el medio existan muchas zancadillas, maledicencias y envidias. Sin embargo advierto también la particularidad del ser humano, la entrega y la complicidad; una cosa de la otra no pueden ir separadas. La amistad y la complicidad son compañeras que generan lo mejor, casi siempre en situaciones especiales, en la noche y en el festejo”.

Junto al soneto de Shakespeare, 57 hombres… recupera como epígrafe una inscripción puesta a la entrada de un templo budista: Y existía la creencia de que ellos/ vivirían con él en la otra vida. En nuevo recuerdo, Ruvalcaba cita la exaltación del amigo como recurso literario en varios periodos creativos.

“Escribirías algo sobre la enemistad”, le pregunto a Ruvalcaba. Y pronto me contesta: “No…, no… La idea es buena, tentadora incluso, pero la verdad es que no tengo 57 enemigos. No se me da hacer enemigos”.

57 hombres… incluye sonetos acerca de Jaime Aljure, Javier García-Galiano, Guillermo Arriaga, Vicente Quirarte, José Buil, Julio Derbez, Marcial Fernández, Eugenio Partida, Ignacio Trejo Fuentes, Víctor Roura, Eduardo Antonio Parra, Eduardo Rivera, José Luis Martínez Salazar y más.

Artículo publicado en el periódico “Milenio” el 17 de Noviembre del 2009. Link original: http://impreso.milenio.com/node/8674489
Por Mauricio Flores