Lunes, Octubre 26, 2009
Roa Bastos
Llegué a enterarme de la obra de este autor Paraguayo, que llegó a escribir poemas en guaraní, en mis años de estudiante en la ciudad de México.
Dentro de la literatura latinoamericana se puede ubicar perfectamente a escritores llamados por el maestro Eusebio Ruvalcaba como “netos”, otros los llaman de la desgarradura. Son autores que tratan temas y soluciones estéticas desde el fondo de una experiencia vital, son escritores que no escriben de oídas, como se dice en este tiempo.
En esa corriente de la desgarradura podemos ubicar a nuestro muy querido Juan Rulfo, a Juan Carlos Onetti, a José María Arguedas y a Roa Bastos.
Son gente que no hace malabarismos con la palabra, que no maneja una estilística preciosista sino que echa a andar una escritura vital, del pueblo.
Aquí debo señalar, para que quede aclarado, que una cosa es el habla del pueblo y obra muy distinta el hablar de las masas.
No hay nada que agregar a la obra de Rulfo u Onetti, por decir estos dos nombres, pero si pudiéramos aproximarnos a la obra cumbre de Augusto Roa Bastos.
Cuando se el autor sobrevive en una nación profundamente marcada por la presencia indígena, por la cosmovisión del hombre precolombino, de alguna manera esta forma de ver el mundo, de explicarlo y expresarlo, se trasmina a las obras literarias.
Este es el caso de Roa, quien en su primera juventud publicó poemas en guaraní, su lengua madre, para posteriormente introducir la visión indígena, su filosofía y su interpretación, en una obra fundamental para las letras castellanas: Yo el supremo.
Al publicarse la obra de Roa Bastos se da a conocer al mundo de lengua castellana que no existe ni existirá ya una visión vergonzante del origen indígena en los escritores en español.
Este es el verdadero logro de estos escritores “netos”, expresan su talento castellanizando la visión indígena, integrando palabras, actos, acciones y pensamientos de ese mundo singular, en lengua castellana.
Así Roa escribe un español paraguayo, como Rulfo escribe en español mexicano. Y asím logran lo que pidió a los escritores en su momento Julio Cortázar, no escribir en un idioma de conquistados.
Porque esa es una de las características de los escritores latinoamericanos, escriben en un lenguaje de conquistados, esa es una posición mental y espiritual de los habitantes de las grandes ciudades de nuestro continente, principalmente: se avergüenzan del origen precolombino que loas habita, del mundo indígena del que son parte aunque ellos no quieran aceptarlo.
Roa Bastos, y todos aquellos de su generación, enfrentaron de frente y con valor, sin falsos pudores, el conflicto que para muchos representa el mundo indígena en las obras literarias y en la vida cotidiana.
Sábado, Octubre 24, 2009
Encuentro de poetas
La invitación la propuso el maestro Emilio Fuego; la confirmó el poeta Jorge Magariño: habrá encuentro de poetas zapotecas y mixtecos en Tlaxiaco para el 23 y 24 de octubre.
El pretexto era el siguiente: intercambiar experiencias sobre las posibilidades de publicación de la obra de los escritores de ambas regiones. Existía un referente principal: la antología de poetas y pintores que publicó Jorge Magariño, Víctor Terán y Soid Pastrana en los primeros días del presente año, Laguna superior.
La inquietud mostrada por Emilio Fuego era legítima: que los hermanos poetas del Istmo se sumen a los trabajos de los poetas de la mixteca, mujeres y hombres, una de las regiones del estado más golpeadas por la marginación y la pobreza, para que la poesía del “país de las nubes” cuente con sus ediciones.
En el contexto de saqueo y pobreza que priva en el territorio estatal, nacional, es indispensable que los escritores sumen y compartan sus experiencias con autores de otras regiones, con otros pobres pues, para que de esta forma se encuentren las posibilidades de publicar poesía en este tiempo de desgracias económicas.
De esta forma Emilio se puso a caminar y trabajar, buscó los apoyos necesarios para realizar el encuentro y transmitir experiencias editoriales.
Jorge Magariño había trabajado con una empresa de las llamadas eoloeléctricas, sí, española ella, que se había interesado en el aspecto cultural de los pueblos del Istmo: su poesía.
Magariño contó con el apoyo financiero para que la antología y con la participación de muchas voces, poetas de distintas generaciones. Por cierto, esa antología fue la última participación en un colectivo que tuvo en vida Macario Matus, gran promotor de estos encuentros literarios allá por los años 80’s.
La propuesta estaba hecha por Emilio: nos vemos en la Casa de la Cultura de Tlaxiaco el viernes 23, a la una de la tarde.
Jorge Magariño había respondido favorablemente, ser padre de una antología como Laguna superior trae consigo algunas obligaciones, publicar poesía en tiempos de crisis económica implica existir de cara a la sociedad; y Jorge anda por todos los rumbos de la entidad difundiendo la palabra de los zapotecas.
En este encuentro resalta un hecho: la literatura que se realiza en Oaxaca, que se encuentra fuerte y saludable, se realiza en las regiones de la entidad. La ciudad capital, Oaxaca de Juárez, dejó ya de ser un sitio de la expresión cultural del ser oaxaqueño; es una tierra de castas donde impera el dinero y la ambición política.
Aquí vamos al encuentro con los hermanos de la mixteca, se espera que rinda frutos que puedan llegar a los lectores de nuestro territorio.
Jueves, Octubre 22, 2009
Italo Svevo
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Cuántas veces hemos leído de hombres y mujeres que en su primera juventud se propusieron entregar la vida a la escritura, a plasmar en tinta y papel el universo que los puebla.
Seguramente responderemos que son muchas las ocasiones en que hemos conocido de esos hombres, de esas mujeres, que quisieron ser escritores. Pero los azares del oficio les hicieron cambiar de parecer. Renunciaron a la escritura luego de algunos intentos, algunas publicaciones.
Resulta demoledor para la esos futuros escritores perseguir la idea, la motivación que los lleva a escribir, durante tantos y tantos años, algunos desde la adolescencia, y cuando llegan a publicar su obra no pasa nada. Nada de nada, la vida sigue como si esa obra tantas veces buscada no hubiese sido editada.
Ese hombre, esa mujer, entran en una enorme crisis existencial: ellos se convirtieron en escritores con sacrificio y valor, talento y esfuerzo, pero a su alrededor nadie lo sabe. Siguen siendo ágrafos, ni su madre se entera que acaban de publicar un libro de cuentos, una novela o un conjunto de poemas.
Más en estos tiempos de revolución en la comunicación. La honorable y culta madre, la dichosa novia, está perfectamente enterada de cada capítulo de la telenovela del momento, de todos los detalles de la vida de sus estrellas de cine, pero no sabe lo que hace su amado.
En el caso de las mujeres la vida de una aspirante a escritora se convierte en doblemente marginal, en este país y en cualquier parte del mundo, marginal por su condición y marginal por su oficio de escritora. Su padre, hermano o amado está más al pendiente de la tabla de posiciones del campeonato nacional de futbol, de los procesos electorales, de la política.
El oficio de escritor es azaroso, lo puede decir muy bien el italiano Italo Svevo, nombre con el cual firmó sus libros Ettore Schmitz.
Este hombre que nació en Trieste, Italia, en 1861, publicó tres novelas en su vida: Una vida, Senilidad y La conciencia de Zeno.
Con las dos primeras no pasó nada, ni su santa familia, de origen alemán, supo que ese joven era escritor. Ante la falta de resultados con las publicaciones decidió abandonar la literatura, dejar de escribir y dedicarse a lo que le proponía su padre: los negocios y las finanzas.
Pero aconteció algo realmente maravilloso, extraordinario: un joven escritor irlandés llegó a leer el material publicado, su nombre era James Joyce.
Joyce lo motivó para que publicara sus obras en Francia, lo que hizo. Un poeta que llegaría a cobrar mucha fama, Eugenio Montale, lo alabó en reseñas periodísticas y lo consideró el Marcel Proust de Italia.
Hacia el final de su vida Svevo observó el fruto de sus esfuerzos ante la hoja en blanco, su esposa se dedicó también a la escritura y uno de sus sobrinos también se dedicó a las letras.
Un libro
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Del olvido a la conciencia un hombre que ronda los 60 años recuerda las cosas que lo rodean: las partes de su cuerpo, su nombre, su casa, su mujer; el rostro de sus hijas.
¿Qué sería de uno si de pronto olvidara todo lo que lo constituye? Los días y las horas en que fuimos, los instantes, los lugares y los objetos de nuestros afectos, la gente que amamos.
Mi mujer me pregunta por un libro de José Emilio Pacheco, Fin de siglo, en inmediatamente surge en mi memoria la imagen de un pájaro muerto, de plumaje amarillo sobre un fondo azul. Es una obra del poeta mexicano, Pacheco. Le pregunto a mi mujer si un día llegaré a olvidar todas las imágenes que retengo de los textos, de las portadas de los libros que amo.
La memoria es lo que nos hace humanos. Sabemos de su fragilidad, de su naturaleza selectica, por eso escribimos.
Somos ante todo tiempo y olvida por eso fijamos en palabra escrita, la gran invención del género humano, todo lo que nos interesa dejar como testimonio de nuestro paso por esta tierra.
El olvido y la recuperación de la memoria es el tema de la novela de Umberto Eco, La misteriosa llama de la reina Loana.
Es la historia de un hombre que viene de las brumas del olvido, por una extraña condición de su salud, por una enfermedad, y entonces el doctor y su mujer, sus hijas y sus nietas, le muestran el mundo de nueva cuenta por vez primera.
___ ¿Usted cómo se llama?
___ Espere, lo tengo en la punta de la lengua.
De nueva cuenta Eco vuelve a tratar un tema fundamental en la historia contemporánea de la humanidad: el olvido.
Somos seres indignos porque ya no queremos remontar adversidades, porque queremos llegar a lo políticamente correcto, porque pretendemos que leyes y derechos nos otorguen preferencias.
En estos tiempos ya no es necesario recordar, tener buena memoria, como se decía antes, basta con apretar una tecla para que aparezca un número telefónico que necesitamos.
De Umberto eco recuerdo, así, como en el juego del pin pon, el nombre del caballo de Guillermo de Baskerville, en El nombre de la rosa: Brunelo.
Llega a mi cabeza el recuerdo de una lectura realizada hace más de 30 años, allá en los lejanos días de la juventud incierta y pendenciera, anónima.
Recuerdo somos, más recuerdo enamorado, parafraseando al poeta. Allí están los libros, ese gran invento humano, que nos hace recordar hasta nuestros sueños mejor guardados; nuestros odios y nuestros amores. Sólo basta con abrirlos.
Bukowski
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Una mañana Neeli Chercovski me habló de Bukowski: era un hombre muy normal, me dijo, le gustaba trabajar mucho en lo que escribía; tiene una imagen de borracho y mujeriego, pero era un hombre muy aplicado en su trabajo y estricto con su vida.
Neeli es el biógrafo autorizado de ese demonio de la literatura llamado Charles Bukowski, prepara por estos días un segundo tomo de la biografía del viejo indecente.
a editorial Laberinto, en su Serie Poetas, presenta una antología poética de Bukowski que titula Soy la orilla de un vaso que corta, soy sangre. La antología la preparó Roberto Castillo Ildiarte, la presenta en edición bilingüe.
Neeli recibió la envidia y el odio de muchos poetas de Los Ángeles y San Francisco porque recibió la amistad y el aprecio de Bukowski, y la autorización para que realizara la biografía. Pero así es el ambiente literario en los Estados Unidos, en este país y en cualquier sitio sobre esta tierra: está sembrado de mierdas.
Lo mismo recibió en vida Charles, que caminó por las letras por el sendero que mejor le vino en gana. Castillo Ildiarte lo presenta así: Están totalmente equivocados. No existe ninguna motivación política en mí. No quiero salvar al mundo. No deseo construir un mundo mejor. Sólo quiero vivir en él. Hablar de lo que pasa. Yo no quiero salvar a las ballenas. Soy muy egoísta. Lo que me disgusta son cosas como, por ejemplo: que se me reviente una llanta al viajar por la carretera y tener que arreglar esa chingadera…
Ese era Bukowski, así de simple y llano: Hablar de lo que pasa. Eso es todo lo que se necesita para andar por el mundo y las letras, hablar de lo que pasa. Qué importa a los que escriben, a los que en verdad tienen algo que decir, lo políticamente correcto, lo que le interesa a los demás o la ecología. Lo que interesa a los demás es asunto de los demás, el que escribe sólo quiere mencionar las cosas, eso es todo.
Quizá el antologador no se dio cuenta, pero pintó de cuerpo entero a un verdadero creador de literatura, a un hombre cuyo universo son las letras, al transcribir una parte de una declaración periodística de Bukowski.
Por ahí anda tanto chamaco despistado que a las primeras líneas que publica pretende ser políticamente correcto, se vuelve de los abajo firmantes, de aquellos que prestan el nombre para todo. No. El ejemplo a seguir lo pone Bukowski en esta antología de poemas que presenta Laberinto, Edición Bilingüe.
Con un autor fallecido resulta difícil hacer una buena presentación de su obra, de sus poemas, como es este el caso. La fama del hombre sepulta su pensamiento, que es lo que nos atrae y nos impacta. La fama es para los mortales: que si fue borracho, mujeriego u homosexual. Que si fue esto o si fue lo otro. Que si fue aquello. La fama se va a la tumba con el cuerpo que fenece, pero su pensamiento no. Ese pensamiento que se representa en la escritura. Que es lo que realmente interesa.