Martes, Agosto 04, 2009
Dos autores
![]()
Salvadas sean las diferencias, uno diría que un autor nacido en México y otro venido al mundo en Argentina, poco o nada tendrían que ver en su producción literaria; pero no es así. Este es el caso de César Aira y Guillermo Fadanelli.
¿Desde dónde se podría decir que existen esas coincidencias? Pues desde donde teorizan su actividad, desde sus motivaciones primeras que les sirven para realizar su obra, que bien podría decirse que sean diferentes ya en el resultado final, en su narrativa, pero en lo que motiva su alma existen puntos que coinciden.
Vamos por partes, dijo nuestro amigo Jack: Una obra de arte nunca se pierde, nunca se destruye, y creo que de todo lo que hace el hombre es lo único que puede aspirar a la eternidad, dice Aira.
Nuestro amigo Fadanelli, sostiene: Hace muchos años que dejé de ser un contador de historias en pos de complicarme la vida. Contar historias me parece ahora tan anodino como hacer negocios.
Lo que aspira a la eternidad, lo que hace el hombre y trasciende, así sea lo divino de la actualidad. Hacer negocios, hacer dinero. Lo eterno y lo anodino comentado en estos días de corrupción, mal gobierno y peores curas.
Estas presencias, la eternidad, el arte, la obra literaria y dos autores muy en boga por estos días llenan mi cabeza mientras espero el autobús que me llevará a otro sitio, una ciudad informe.
Fadanelli dice: Cuando creo que escribo una obra de cierto valor es cuando peor me va en la batalla. El entusiasmo y el narcisismo unidos forman una pócima venenosa y sus consecuencias son desastrosas. A la contra, cuando escribo malhumorado y cada línea me decepciona, los resultados no suelen ser tan malos.
Y aquí entra ya otro elemento en esta espera en la terminal de autobús: tenemos a la obra literaria, la obra de arte, lo eterno, lo efímero en lo hecho por el hombre: ese mismo hombre, el que llamamos creador, al momento de realizar su trabajo está influidos por entusiasmo y narcisismo.
Aquí nuestro amigo Jack se detiene: ha realizado ya tantas partes en estas lecturas de espera, pero considera que puede seguir cortando en partes ese cuerpo que es el texto.
Sigue Fadanelli: Así como no poseo una hora precisa para morirme, tampoco contemplo un determinado horario para escribir.
Entra ya en esta sopa de letras otro elemento: el tiempo. Pues sí, en esta hora de autobuses y terminales, kilómetros y lejanía, lecturas y autores afines a nuestra alma, Jack el Destripador sigue cortando el texto hasta el infinito.