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Oaxaca literario es el espacio donde César Rito da a conocer sus trabajos


césar rito
Autobiografía
Mi nombre es César Rito Salinas, nací un 2 de agosto de 1964, cuando en este país soplaban los vientos del progreso y la felicidad. Mi madre me parió en el puerto de Veracruz, Veracruz, pero en realidad soy de un pueblo denominado Santo Domingo Tehuantepec, Oaxaca. Mi padre era marino militar, mi madre ama de casa, indígena zapoteca analfabeta, para más señas, quien me enseñó a amar a los libros. Esa es la realidad, en aquel tiempo y en éste, de los pueblos de la nación: las madres analfabetas se encargaban de inculcar en sus hijos el amor por los libros, y las armas; la pasión por nuestro pueblo, las calles, la iglesia, el mercado: las fiestas, la música de la región.
En el barrio donde crecí celebramos la fiesta de Asunción de María, el 14 de agosto: esta es la fecha en que nos tocaba estrenar zapatos y pantalones, camisa manga larga. La fiesta de agosto nos robaba la cabeza, era esperada con ansias. La gente se preguntaba qué grupos musicales traerían los organizadores, y hasta venían a celebrar con nosotros mujeres y hombres de otros barrios y otros pueblos.

Martes, Agosto 04, 2009

Dos autores

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Salvadas sean las diferencias, uno diría que un autor nacido en México y otro venido al mundo en Argentina, poco o nada tendrían que ver en su producción literaria; pero no es así. Este es el caso de César Aira y Guillermo Fadanelli.

¿Desde dónde se podría decir que existen esas coincidencias? Pues desde donde teorizan su actividad, desde sus motivaciones primeras que les sirven para realizar su obra, que bien podría decirse que sean diferentes ya en el resultado final, en su narrativa, pero en lo que motiva su alma existen puntos que coinciden.
Vamos por partes, dijo nuestro amigo Jack: Una obra de arte nunca se pierde, nunca se destruye, y creo que de todo lo que hace el hombre es lo único que puede aspirar a la eternidad, dice Aira.
Nuestro amigo Fadanelli, sostiene: Hace muchos años que dejé de ser un contador de historias en pos de complicarme la vida. Contar historias me parece ahora tan anodino como hacer negocios.
Lo que aspira a la eternidad, lo que hace el hombre y trasciende, así sea lo divino de la actualidad. Hacer negocios, hacer dinero. Lo eterno y lo anodino comentado en estos días de corrupción, mal gobierno y peores curas.
Estas presencias, la eternidad, el arte, la obra literaria y dos autores muy en boga por estos días llenan mi cabeza mientras espero el autobús que me llevará a otro sitio, una ciudad informe.
Fadanelli dice: Cuando creo que escribo una obra de cierto valor es cuando peor me va en la batalla. El entusiasmo y el narcisismo unidos forman una pócima venenosa y sus consecuencias son desastrosas. A la contra, cuando escribo malhumorado y cada línea me decepciona, los resultados no suelen ser tan malos.
Y aquí entra ya otro elemento en esta espera en la terminal de autobús: tenemos a la obra literaria, la obra de arte, lo eterno, lo efímero en lo hecho por el hombre: ese mismo hombre, el que llamamos creador, al momento de realizar su trabajo está influidos por entusiasmo y narcisismo.
Aquí nuestro amigo Jack se detiene: ha realizado ya tantas partes en estas lecturas de espera, pero considera que puede seguir cortando en partes ese cuerpo que es el texto.
Sigue Fadanelli: Así como no poseo una hora precisa para morirme, tampoco contemplo un determinado horario para escribir.

Entra ya en esta sopa de letras otro elemento: el tiempo. Pues sí, en esta hora de autobuses y terminales, kilómetros y lejanía, lecturas y autores afines a nuestra alma, Jack el Destripador sigue cortando el texto hasta el infinito.