Miércoles, Junio 24, 2009
JEP
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Aquellos eran los tiempos de las soledades de arena y sal, tiempos de laborar en la refinería petrolera del puerto y esperar que la angustia y el calor consumieran el cuerpo ruin, cuerpo cobarde.
Pero llegaba el tiempo de la resurrección en domingo, cuando iniciaba la circulación de una revista, Proceso, donde venía una columna literaria en la sección cultural: Inventario de José Emilio Pacheco.
En esos días de soledades la columna, Inventario, me sacaba de mis soledades del puerto y me ponía en contacto con muchas literaturas, de distintas partes del mundo. La columna de José Emilio me sacaba de aquel mundo miserable y vil en el que habitaba y me abría la puerta para llegar a otras ciudades y sus autores literarios.
Ahora que José Emilio cumple 70 años, cuando a nivel nacional se le celebra, aquí la contribución de esta columna hija de aquel Inventario de los años siniestros de mi vida: quisiera reproducir algunas respuestas que dio el maestro en una entrevista, en el más reciente número de la revista Letras libres:
1.La poesía no es un manual de autoayuda. Más bien sirve para llamar la atención sobre las cosas menos agradables del mundo.
2.La dicha y el placer son mudos. Sólo la desgracia y el sufrimiento hablan.
3.El texto sabe lo que el autor ignora.
4.La nostalgia es la invención de un falso pasado. A ella se opone la mirada crítica.
5.Estoy en contra de la idealización de lo vivido pero totalmente a favor de la memoria.
6.Los verdaderos amores trágicos son los amores de los niños y de los viejos porque no tienen esperanza (Graham Greene, citado por JEP).
7.No creo en el autor intocable. Si puedo mejorar lo que escribo lo haré como se mejoran y actualizan los libros de texto.
8.No es algo voluntario: me releo y no puedo evitar el impulso de cambiarlo. Me encantaría preguntarle al joven que fui qué piensa de las modificaciones que le he hecho a su trabajo.
9.Nadie se acordará de mí al día siguiente de mi muerte.
10.Desde niño me gustaba mucho la poesía y la miraba con gran respeto por la extrema dificultad que hay en escribirla, mejor dicho en hacerlo bien. Es, como diría Beckett, algo al mismo tiempo fácil e imposible.
Resulta necesario rendirle tributo a los autores que nos formaron: uno es lo que lee. En este caso, en el caso de José Emilio, es necesario rendirle tributo al hombre generoso que compartió sus horas y horas de lecturas con tantos y tantos desventurados que se encontraban, se encuentran, atorados en algún pueblo de la nación y sueñan con otras literaturas, su literatura.