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Oaxaca literario es el espacio donde César Rito da a conocer sus trabajos


césar rito
Autobiografía
Mi nombre es César Rito Salinas, nací un 2 de agosto de 1964, cuando en este país soplaban los vientos del progreso y la felicidad. Mi madre me parió en el puerto de Veracruz, Veracruz, pero en realidad soy de un pueblo denominado Santo Domingo Tehuantepec, Oaxaca. Mi padre era marino militar, mi madre ama de casa, indígena zapoteca analfabeta, para más señas, quien me enseñó a amar a los libros. Esa es la realidad, en aquel tiempo y en éste, de los pueblos de la nación: las madres analfabetas se encargaban de inculcar en sus hijos el amor por los libros, y las armas; la pasión por nuestro pueblo, las calles, la iglesia, el mercado: las fiestas, la música de la región.
En el barrio donde crecí celebramos la fiesta de Asunción de María, el 14 de agosto: esta es la fecha en que nos tocaba estrenar zapatos y pantalones, camisa manga larga. La fiesta de agosto nos robaba la cabeza, era esperada con ansias. La gente se preguntaba qué grupos musicales traerían los organizadores, y hasta venían a celebrar con nosotros mujeres y hombres de otros barrios y otros pueblos.

Jueves, Agosto 07, 2008

La envidia

Vigente y calva, la envidia. Parece ser una mujer muy siglo XIX que anda por la calle con vestido y peinado pasados de moda. La envidia es hoy como la pelona, muy vigente.

Cínica y divertida, medio vieja y medio buenota: la envidia. En algún momento la acompañamos todos, nos persigue, la dejamos alcanzarnos, que nos toque, seamos hombre o mujer, blancos o negros, cultos o ignorantes, ricos o pobres, periodistas, escritores, influyentes del sexenio o muertos de hambre.

Ebria y santa, ella. Está en todas partes, en todas las naciones y en todo el género humano. Entre ricos y pobres, entre curas y laicos. Entre universitarios y analfabetos.

La vieja que acompañó a la humanidad desde el primer tiempo del hombre sobre la tierra, está hoy muy vigente. A veces se quiere imponernos a periodicazos, con imágenes de la felicidad de otra gente, a chingadazo limpio en la radio, la televisión o la prensa escrita.

Nada más hay que dejarse tantito por los programas vespertinos de la tele o los de fin de semana; los que nos quieren imponer la envidia.

Los artistas de masas y los políticos generan envidia. Las mujeres, también. Y los hombres, no se diga.

Todos hemos sufrido, tenido, envidia en todos los años de nuestra chocante vida: cuando niños, porque el vecinito tenía una mejor bici que nosotros. Cuando adolescentes porque nosotros teníamos barros de agua en la cara y nuestro amigo (a), de secundaria no.

La vieja calva con peluca despampanante nos agarra del brazo, nos toma para salir a la calle o quedarnos en casa y nos hace dar o que nos den, envidia. Es una auténtica avalancha que nos arrastra, de ida y vuelta.

Ningún científico, que se sepa, pudo descubrir, desde Hipócrates el sabio hasta hoy, una cura para este mal.

Mal que recorre países, ciudades; naciones enteras. Sobra con enterarse de las iras de Doña Martita, en el sexenio pasado. 

Por eso, en el próximo fin de semana, hay que darle una buena sobadita al ego; para que esa acción nos cuide de la envidia: porque, lo demás sería cosa de pasarnos un huevo de gallina en la cabeza con ramas de albahaca.

Martes, Agosto 05, 2008

El señor que mataba a las palomas

El señor mataba a las palomas que anidaban en su casa. Desde temprana hora estaba pendiente del cielo ennegrecido del amanecer. Amoroso despedía a sus hijos que marchaban al colegio un poco antes que la luz del día reventara. En las calles de la colonia, a esa hora, ya estaba el ruido de los camiones urbanos y de sus enormes máquinas.

También, en últimas fechas, sobresalía el rugir de pequeñas máquinas, los mototaxis, corrían veloces por las calles, que inundaban las avenidas y los callejones del cerro. En ese momento del amanecer, de máquinas y pájaros, de gente que se apresura al trabajo, el señor soltaba a sus 2 perras, unas pitt bulls, para que le hicieran compañía junto a la amplia tapia que rodeaba la casa e iniciar en ese instante la guerra contra las palomas.
Matar palomas es asunto de profesionales y el señor y sus perras lo eran. El señor pensaba que en esta guerra no se requerían de armas de percusión, generan un ruido ensordecedor cuando se les acciona. Se requiere de valor y destreza. Las palomas anidan en lo alto de la tapia y en las cornisas. Hasta ahí no podían trepar la perras y las palomas lo sabían. Estas dos perras eran singulares: apetecían con fruición la carne cruda de paloma. Llamaban a su amo, el señor.
En la casa de este hombre se ubicaba un señuelo especial que atraía irresistiblemente a las palomas: tenía una alberca enorme. En los calores de mayo el agua enloquece a las aves, les provoca realizar actos contra su vida. El señor no cubría la alberca como suelen hacerlo en casa de algunos hombres, nuevos ricos, que detestan a las aves. El señor amaba a los pájaros diminutos, a los muy pequeños que trinaban y lo hacían despertar en la madrugada, casi noche cerrada, a realizar su principal labor del día: matar a las palomas.
El señor se despertó un día con una idea: escribir un libro con indicaciones precisas sobre cómo matar a las palomas. Mucha gente se lo agradecería: los hombres del gobierno, donde la plaga de aves no respeta edificios históricos que resistieron cientos de guerras, palacios municipales donde se administra la vida pública ni estatuas de héroes o poetas; los hombres de Dios, quienes abnegados observan cómo la plaga voladora inunda patios, confesionarios y llegan a mirar hasta en la sacristía.
Eso era la que haría, un manual que indique cómo matar a las palomas, porque nadie en esta tierra puede vivir feliz entre tanta mierda que arrojan en el día estas aves. Ni los perros, ni los hombres, ni Dios. Se preguntaba a qué idiota se le pudo ocurrir la imagen de una paloma como símbolo de la paz. Más bien serán la imagen omnipresente de la guerra: son voraces, unas verdaderas máquinas de comer y cagar; insaciables. Estas palomas no le otorgan ningún bien ni al hombre, ni a los cielos, ni la tierra. Son portadoras de desgracias. En el campo, con sus miles de alas, esparcen enfermedades. En sus alas se anidan patógenos que se esparcen por todo el día con su cotidiano aleteo. Lo que es peor: al llegar a los terrenos de cultivo se comen los granos sembrados con esfuerzo por el hombre en la tierra. Esto viene a resultar que un día se podría poner en peligro de muerte a la especie humana misma, aniquilada por hambre. Cuando la semilla germina en verdes cogollos, las palomas se abalanzan sobre ellas y arrasan con todo lo verde que nace. Da tristeza ver cómo quedan esos campos sin sembradíos. El esfuerzo del hombre resulta inútil para cultivar la tierra debido al hambre de las palomas. Muchas razas humanas emigraron hacia incógnitas tierras debido al ataque de las palomas a sus cultivos. Algunos pueblos murieron y mueren de hambre por la misma causa.

Sábado, Agosto 02, 2008

La desnudez del alma

Domingo.- Amanecí con calambres en las pantorrillas, pero mi entusiasmo sigue echado para delante.

Domingo, tarde.- Llamada telefónica a la familia y partido de futbol en la televisión. Con mi esposa bien y en armonía, con mi hija también; felices. Con el futbol ya no se despertó en mí la ira por el juego mal llevado de mi equipo favorito. Tolerancia. Lavé mi ropa y eso me dio tiempo para una introspección, salí saludable del cuarto de lavandería.

Noche.- Con energía y valor inicio la redacción de mis Diez Consecuencias.

Lunes / tarde.- Tarde dura la del lunes. Mostrar la desnudez del alma ante desconocidos. Esta es una obra de teatro de lo absurdo: una codependiente hablando por hijos abandonados; retacados de droga hablando de gula en la hora de la ingesta de alcohol. Observación: no estamos rodeados de hombres que buscan curación para su cuerpo y su alma, estamos rodeados de fanáticos y fundamentalistas del programa Doble A. No cuestiono los Doce Pasos y Las Doce tradiciones, cuestiono a los fanáticos que malinterpretan los textos. Pero bueno, presenté las Diez Consecuencias, recibí sus críticas (algún iluso dijo que había hecho un poema, lo cual me congratula).

Agradecí de corazón sus comentarios: mierda. Creen que todos deben estar en su nivel de ignorancia. Pero bueno, les agradecí sus comentarios. No son más que la expresión de una clase alta regional decadente, abatida por los ácidos, la coca y los corridos de narcos.

Por la noche subí a la tribuna. Me sentí feliz de haber expuesto ante los camaradas mis Diez Consecuencias. Volví a dominar mis defectos de carácter: ira y violencia.

Me sentí feliz por este hecho: el enfermo soy yo y no ellos, pero eso no obsta para hacerles en este diario alguna crítica.

La jornada me llenó de energía para buscar mi recuperación. Tengo el respaldo de mis compañeros a pesar de mi vida crapulienta y pendenciera. Agradecí a Dios haber llegado a este sitio.

Martes.- Contento. Reinicié por la tarde mis ejercicios en la bicicleta fija. Oxigenar mi cerebro y mi cuerpo me parece algo fabuloso. Estoy alerta, esta noche participaré otra vez en tribuna. A partir de ahora no dejaré de subir a la tabla. La bestia que soy va cediendo poco a poco para dejar salir al ser humano que ha tenido encapsulado durante tantos años.

Tarde. Noche.- Lectura comunitaria del Libro Azul. Satisfactoria. Capítulo II: hay una solución si intelectualizó este material, si sacó mis propias teorías, llegaré a puerto seguro: no a todos guardan el mismo camino el Señor. Siento que me guía por otros pasos, para hablar con los jóvenes, por ejemplo, de la enfermedad.

Miércoles.- Regresó a media mañana la crisis de ansiedad. No pude esconder ante todos en la reunión de evaluación semanal el comerme las uñas de los dedos de la mano. Como en los días de la niñez, la ansiedad. Pasé con el psiquiatra: me tiene que medicar.

El hombre me da confianza, esperaré mi evolución.

Me dejaron una tarea para la presente semana: para que los compañeros tengan café, té y agua suficiente. Me es grato servir y ser parte de una comunidad. Sigo dándole a la bicicleta fija: presión arterial: 80/ 110.

Tarde.- Tengo una crisis de ansiedad, el siquiatra recomendó medicarme. Me estoy comiendo las manos y empecé a fumar.