Miércoles, Febrero 22, 2012

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en su edición 25, nos trae muchas noticias en su arranque.
Primero, una que ya no es noticia: los grupos rivales del crimen organizado arrojaron a unas cuantas cuadras del espacio donde celebran la Feria 26 cadáveres.
Para que el mundo de la cultura, incluidos dos premios Nobel y un Príncipe de Asturias, poetas, dramaturgos y narradores sintieran el pavor y experimentaran lo que sufrimos la mayoría de los mexicanos.
Segundo: Los organizadores del encuentro acostumbran reconocer a un escritor latinoamericano y otorgarle el premio de la Feria, en esta edición el narrador laureado fue Fernando Vallejo nacido en Colombia y nacionalizado mexicano.
Y a la hora de su discurso de agradecimiento al premio, hace uso de su libertad de pensamiento y expresión, como se espera de todo escritor, y sale con una fuerte crítica al presidente de la república: Calderón, indigno de su puesto.
Esa fue la gota que derramó el vaso de agua: le llovió la crítica al premiado, en los tiempos de las libertades y los derechos. Mire usted nada más, caro lector.
Como si estuviéramos en otro tiempo, en otro siglo. Fue atacado en las llamadas redes sociales por el solo hecho de decir lo que se piensa.
Pongamos en claro las cosas: Vallejo dio su discurso en un acto cultural, no en un acto de gobierno. El señor escribe, hace literatura; no política. Son dos cosas distintas, favor de no confundir, y de cerrar la puerta.
Ahora bien, el primer acto que arriba cito es un acto de barbarie a donde nos han llevado como sociedad las administraciones políticas, que no evadan su responsabilidad.
La política de la guerra en la que nos sumió este gobierno, donde se ven fosas con seiscientos cadáveres o calles con decenas y decenas de muertos, son muestras de incivilización de una sociedad enferma. Eso por un lado.
Por otro lado. Cada que se publica un libro, un periódico, se abre una escuela, una revista, eso significa que se establece un proceso de civilización porque se abre la posibilidad a llegar con el manejo de la palabra escrita a procesos de razón y paz, concordia y armonía y tendremos el tiempo de alejarnos de las armas y la violencia, de la muerte, y así llegaremos a una vida mejor como sociedad.
Que los creadores literarios vengan y comenten la violencia, es otra cosa: eso es un ejercicio de libertades y van orientados a procesos civilizatorios no a actos de barbarie como establece gobierno y delincuentes que sacan al ejército a las calles a tirarse de balazos.
Vallejo fue atacado principalmente por miembros del gabinete presidencial (con bajas) panista. Los gobiernos de la derecha se caracterizan por ser ejecutivos de fe y no de razón, por eso los combatió Juárez.
Habría que recordarles a los señores gobernantes que ellos tienen término constitucional y los artistas dialogan con el espíritu humano: que es eterno.
Estas fueron las palabras de Vallejo que tanto incomodaron la los respetables funcionarios federales.
“No te dejes engañar por los bribones de la democracia y recuerda siempre que no hay servidores públicos, sino aprovechadores públicos. Escoger al malo para evitar al peor es inmoral. No alcahuetees a ninguno de estos sinvergüenzas con tu voto. Que el que llegue, llegue respaldado por el viento y por el voto de su madre. Y si por la falta de tu voto, porque el día de las elecciones no saliste a votar, un tirano se apodera de tu país, ¡mátalo!”, afirmó tajante.
Sólo son juegos de palabras de un escritor pacifista, en un acto donde recibe un premio literario, ¿quién se lo tomó en serio? Sólo los que no manejan la palabra, los fanáticos de la religión o de su jefe. Así de fácil. Bien.
Hasta estos días ya cumplió su objetivo la Feria Internacional del Libro de Guadalajara de traer algo de cultura y alegría, civilización, a este entristecido país. Bien.
Autobiografía

Mi nombre es César Rito Salinas, nací un 2 de agosto de 1964, cuando en este país soplaban los vientos del progreso y la felicidad. Mi madre me parió en el puerto de Veracruz, Veracruz, pero en realidad soy de un pueblo denominado Santo Domingo Tehuantepec, Oaxaca. Mi padre era marino militar, mi madre ama de casa, indígena zapoteca analfabeta, para más señas, quien me enseñó a amar a los libros.
Esa es la realidad, en aquel tiempo y en éste, de los pueblos de la nación: las madres analfabetas se encargaban de inculcar en sus hijos el amor por los libros, y las armas; la pasión por nuestro pueblo, las calles, la iglesia, el mercado: las fiestas, la música de la región.
En el barrio donde crecí celebramos la fiesta de Asunción de María, el 14 de agosto: esta es la fecha en que nos tocaba estrenar zapatos y pantalones, camisa manga larga. La fiesta de agosto nos robaba la cabeza, era esperada con ansias. La gente se preguntaba qué grupos musicales traerían los organizadores, y hasta venían a celebrar con nosotros mujeres y hombres de otros barrios y otros pueblos.
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