Martes, Febrero 07, 2012
El hombre nació en Rojas, provincia de Buenos Aires, Argentina, realizó estudios de física y filosofía en la universidad de La Plata. Trabajó en los laboratorios Curie, en París, hasta que en 1945 lo abandonó todo para dedicarse a la incierta tarea de escritor.
No le fue mal en la aventura, logró los premios Cervantes, Menéndez Pelayo y el Premio Jerusalén, logró la admiración de escritores como Camus, Greene y Thomas Mann. Su salto al vacío nos legó un ejemplo de templanza y arrojo, valor y talento.
Pero no existe escritor alguno que no ande por esta vida de miedos y miseria sin que se plantee sus propias interrogantes, sin que se cuestione sobre su quehacer, sobre esa actividad cotidiana, escribir, a la que dedicará todas las horas y días de su existencia.
Sin preguntas sobre lo que haces, sobre a lo que te dedicas, no se llega a ninguna parte. Así nos lo demuestran cientos y cientos de creadores que llegaron a significar su voz en medio del gran río de la palabra del espíritu humano.
Aquí, a manera de resumen, algunas respuestas a las que llegara el inmenso Ernesto Sabato:
Autobiografía

Mi nombre es César Rito Salinas, nací un 2 de agosto de 1964, cuando en este país soplaban los vientos del progreso y la felicidad. Mi madre me parió en el puerto de Veracruz, Veracruz, pero en realidad soy de un pueblo denominado Santo Domingo Tehuantepec, Oaxaca. Mi padre era marino militar, mi madre ama de casa, indígena zapoteca analfabeta, para más señas, quien me enseñó a amar a los libros.
Esa es la realidad, en aquel tiempo y en éste, de los pueblos de la nación: las madres analfabetas se encargaban de inculcar en sus hijos el amor por los libros, y las armas; la pasión por nuestro pueblo, las calles, la iglesia, el mercado: las fiestas, la música de la región.
En el barrio donde crecí celebramos la fiesta de Asunción de María, el 14 de agosto: esta es la fecha en que nos tocaba estrenar zapatos y pantalones, camisa manga larga. La fiesta de agosto nos robaba la cabeza, era esperada con ansias. La gente se preguntaba qué grupos musicales traerían los organizadores, y hasta venían a celebrar con nosotros mujeres y hombres de otros barrios y otros pueblos.
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