Martes, Febrero 07, 2012
Parafraseando a Juan García Ponce puedo escribir ahora: la adversidad en la vida y el corazón del hombre produce, en muchos casos, buena literatura; pero es mala para la vida de quien la padece.
Este es el vaso de muchos escritores que desde la enfermedad y el dolor, la marginación o la pobreza, escriben relatos o poemas. Este es el caso de Bernardo Atxaga.
Nace en Asteasu, Gipuzkoa, en 1951. Esta localidad se encuentra dentro del territorio vasco español, en una de esas llamadas autonomías. El hombre desempeñó varios oficios, estudió Ciencias Económicas, hasta que decidió dedicarse a las letras.
Realiza su oficio, escribir, con una singularidad: escribe en vasco, no en español. Esta decisión conlleva una postura política. En los tiempos del terrorismo de ETA, de los llamados por el Estado español como miembros de una banda terrorista, un escritor decide escribir en su lengua original.
Esta decisión hace que se le margine en su mismo país, hasta que en 1989 fue reconocido cuando publica su novela Obabakoak, que recibe el Premio Euskadi, El Premio de la Crítica, el Prix Millepages y el Premio Nacional de Narrativa.
Aquí habrá que ser concreto: un tipo que no escribe en la lengua oficial de su nación España, el español, recibe un premio nacional. Y para más disgustos oficiales apoya la autonomía que predica una banda de terroristas que ponen bombas en estaciones de la Guardia Civil.
Casi un escándalo, pero el hombre, Bernardo, sigue en las suyas: Obabakoak fue llevada al cine. Le siguieron novelas como El hombre solo, Premio nacional de la Crítica de Narrativa en Euskera. Estos cielos; El hijo del acordeonista, Premio Grinzane Cavour y Premio Mondello.
Su libro de poemas Poemas & Híbridos recibió el Premio Cesare Paveses de 2003, entre otros reconocimientos Su obra ha sido traducida a 27 lenguas y este autor es uno de los creadores de mayor hondura y originalidad en el panorama literario de este principio de siglo.
¿Pero qué tengo que destacar de este escritor vasco?
Autobiografía

Mi nombre es César Rito Salinas, nací un 2 de agosto de 1964, cuando en este país soplaban los vientos del progreso y la felicidad. Mi madre me parió en el puerto de Veracruz, Veracruz, pero en realidad soy de un pueblo denominado Santo Domingo Tehuantepec, Oaxaca. Mi padre era marino militar, mi madre ama de casa, indígena zapoteca analfabeta, para más señas, quien me enseñó a amar a los libros.
Esa es la realidad, en aquel tiempo y en éste, de los pueblos de la nación: las madres analfabetas se encargaban de inculcar en sus hijos el amor por los libros, y las armas; la pasión por nuestro pueblo, las calles, la iglesia, el mercado: las fiestas, la música de la región.
En el barrio donde crecí celebramos la fiesta de Asunción de María, el 14 de agosto: esta es la fecha en que nos tocaba estrenar zapatos y pantalones, camisa manga larga. La fiesta de agosto nos robaba la cabeza, era esperada con ansias. La gente se preguntaba qué grupos musicales traerían los organizadores, y hasta venían a celebrar con nosotros mujeres y hombres de otros barrios y otros pueblos.
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