Oaxaca Literario

Lunes, Mayo 21, 2012

Corren tiempos de extravío, nadie cree en el discurso de los políticos. Resulta tan iluso como creer en la palabra de militares, policías o jueces en tiempos del crimen organizado. La política impone su discurso maula sobre  la sociedad y hace que nadie crea en el periodismo y periodistas, los medios.
El cuerpo padece angustia en este tiempo electoral  y de crimen, violencia, por el bombardeo informativo en que habitamos los simples mortales, los que no aspiramos a formar parte de ningún gobierno.
Cada día amanece con una advertencia para el ciudadano común: cuida tu presión arterial, tus niveles de glucosa y triglicéridos; evita preocupaciones, no te alteres. Que las noticias diarias no violenten tus horas. 
El fin de enero se acerca con sus mañanas templadas, propicias para la contemplación y el pensamiento. Pero corren tiempos malos. E me dijo que para encontrarse con uno mismo no hay nada mejor que realizar los quehaceres domésticos: limpiar la casa, regar las flores, sembrar en el patio; sacar la basura. Apagar la computadora, el televisor, desconectar la radio, no leer periódicos.
Estos tiempos turbios y de maldad de  políticos y criminales, nadie sabe la diferencia, obligan a uno a refugiarse en experiencias de otras personas que se sobrepusieron horas ingratas, crueles: guerras intestinas. Golpes de estado, pleito entre gente de la misma sangre. Acudo a las biografías de los escritores para sobrevivir.
En su García Márquez El viaje a la semilla, la biografía, Dasso Saldivar menciona sobre los años de formación del Nobel de Literatura: “Nada le gustaba tanto como la vida que andaba en la calle: los cuentos, las leyendas y creencias, los pequeños sueños y las pequeñas derrotas de las gentes, los vallenatos. Todo…”
Eran los tiempos violentos de 1948, a la una y cinco de la tarde del mes de abril, y se daba inicio a lo que la historia conocería como el Bogotazo. El futuro escritor estudiaba el segundo año de Derecho. En el incendio de la ciudad capital, Bogotá, ardería en llamas la pensión que habitaba García Márquez con su hermano Luis Enrique y su amigo José Palencia, y lo principal: arderían las páginas de su primer relato, “El cuento del fauno en el tranvía”.
Hasta aquí la biografía del ilustre escritor latinoamericano. Los años de crímenes y golpes de estado, zozobra, que tanto hicieron sufrir a los jóvenes de aquellos tiempos en distintos países del continente. Hasta aquí la importancia del periodismo que abrió sus puertas a las juventudes estudiosas y sensibles de una nación en tiempos de violencia y crimen.
Bien, hasta ahí. Ahora pasemos a estos tiempos canallas de los partidos políticos. Tiempo de hambrunas. Tiempos de los políticos y su discurso mañoso que difunden en los medios informativos.
¿Pero son solo los políticos, los gobiernos, los que hacen que vivamos tiempos de zozobra que se difunden en los medio?
No lo creo. Esta es la hora en que medios y periodistas pasen al estrado y  analicen sus usos y costumbres, su quehacer cotidiano, por la sociedad y la gente de los mismos medios.
Con los tiempos de libertades que otorgan las nuevas tecnologías en los medios los jóvenes periodistas quieren que llegue ya, de un solo golpe, las nuevas formas de hacer periodismo. Fueron a la universidad y quieren poner en práctica lo que ahí les enseñaron. Se violentan entre generaciones, renuncian a su pasado, reniegan de su origen. Quieren que en esta Oaxaca nuestra suceda lo que pasa en las grandes capitales del mundo.
Pero los nuevos tiempos no vendrán si no sabemos respetar y dedicar nuestra labor a la tradición, nuestro origen.
Ya lo dijo Ezra Pound: “Tradición no significa ataduras que nos liguen al pasado: es algo bello que nosotros conservamos”.  
Los nuevos tiempos políticos y criminales que vive el país obligan a reconocer una tradición en el periodismo para saber hacia dónde van sus pasos. Nos debemos a la tradición del quehacer periodístico que tiene su propio tiempo: no a los tiempos de los políticos, los medios (como entidad social) o las nuevas tecnologías de la comunicación. Eso es todo, no hay más que la tradición que la que se muestra solidaria con el pueblo donde se hace el periodismo.
En esta semana se cumplen seis años de Quadratín Oaxaca en el ciberespacio. Felicidades a Lupita y a su equipo de colaboradores. El trabajo cotidiano de estos periodistas trae aire fresco, comprometido con sus lectores, al periodismo en Oaxaca.
Lupita con su gente están marcando el tiempo del periodismo oaxaqueño, que parte de un origen comunitario: sensible y solidario, que utiliza las nuevas herramientas de la tecnología y camina orgulloso de su vocación empresarial. Sin falsos sentimientos vergonzantes y sin complejo de inferioridad.
Se agradece este compromiso en tiempos de zozobra, donde se abre espacio a los jóvenes con talento y creatividad; donde se suma a la gente de experiencia.

 

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Biografía I

Autobiografía

Mi nombre es César Rito Salinas, nací un 2 de agosto de 1964, cuando en este país soplaban los vientos del progreso y la felicidad. Mi madre me parió en el puerto de Veracruz, Veracruz, pero en realidad soy de un pueblo denominado Santo Domingo Tehuantepec, Oaxaca. Mi padre era marino militar, mi madre ama de casa, indígena zapoteca analfabeta, para más señas, quien me enseñó a amar a los libros.

Esa es la realidad, en aquel tiempo y en éste, de los pueblos de la nación: las madres analfabetas se encargaban de inculcar en sus hijos el amor por los libros, y las armas; la pasión por nuestro pueblo, las calles, la iglesia, el mercado: las fiestas, la música de la región.
En el barrio donde crecí celebramos la fiesta de Asunción de María, el 14 de agosto: esta es la fecha en que nos tocaba estrenar zapatos y pantalones, camisa manga larga. La fiesta de agosto nos robaba la cabeza, era esperada con ansias. La gente se preguntaba qué grupos musicales traerían los organizadores, y hasta venían a celebrar con nosotros mujeres y hombres de otros barrios y otros pueblos.